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¿Qué organizaciones sobrevivirán a la crisis?

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Quienes han repasado los efectos de las recesiones económicas pasadas en la captación de fondos en el mundo anglosajón, han llegado a la conclusión de que no han afectado de forma dramática al volumen global de ingresos de las organizaciones ciudadanas.

El análisis de los ingresos de las ONG durante las recesiones en EE.UU., Australia, Canadá y el Reino Unido en los años 80, 90 y la presente década indican que las organizaciones siguieron creciendo, no parecía haber una disminución de la tasa de crecimiento en general, e incluso algunas organizaciones benéficas registraron un crecimiento acelerado (como es el caso de NSPCC, la organización británica de protección de la infancia frente a la violencia).

Sin embargo, las encuestas realizadas en 2008 y 2009 por la ACF, el Institute of Fundraising y la CFDG entre sus miembros en el Reino Unido, indican una disminución de los ingresos. Las encuestas de 2009 mostraban la visión de los directores de Finanzas y Recaudación de fondos en cuanto a sus expectativas de evolución en los ingresos y costes durante los próximos 12 meses, que pueden sintetizarse así:

  • Existe un amplio acuerdo de que el escenario de los seis meses posteriores a diciembre de 2008 fue peor de lo esperado.
  • El impacto de la recesión está siendo sentida por una mayor proporción de ONGs.
  • Las expectativas del impacto de la recesión en los próximos 12 meses son peores que en diciembre de 2008 al menos un 50%.
  • Las organizaciones no han hecho importantes mejoras en la manera en que gestionan sus asuntos financieros y esto es un motivo de preocupación.

Es probable que el mayor impacto de la crisis actual con respecto a etapas recesivas anteriores que no impidieron a muchas organizaciones seguir creciendo se deba a que la de hoy es mucho más profunda y no se vea tan claro cuándo y cómo se podrá salir de ella.

Las consecuencias de la situación económica van más allá de la posible reducción en los ingresos o de los mayores costes en que se incurre en adquirir el mismo nivel de ingresos, también se verán cambios en los movimientos de las organizaciones para adaptarse a la nueva situación:

  • Consorcios y fusiones. Las organizaciones están considerando los beneficios potenciales de la colaboración y la fusión como una posible respuesta al impacto de la recesión. Estas acciones requerirán tiempo pero no estarán en condiciones de hacer los cambios necesarios, si lo dejan hasta el momento en que el dinero comience a escasear.
  • Movilización de reservas. Muchas organizaciones deben considerar ya cuándo y en qué medida utilizar las reservas para minimizar el impacto a corto plazo sobre el mantenimiento de su estructura, de sus programas de actuación o de la calidad y cobertura de los servicios que prestan.
  • Búsqueda de alternativas a las subvenciones. Una de las áreas de ingresos que puede verse afectada a consecuencia de la larga fase descendente después de la recuperación de la economía es el ingreso por subvenciones. Se espera que las organizaciones se verán afectadas por recortes en el gasto del sector público entre 2011 y 2014, por más que las necesidades de atención social vayan en aumento. Los drásticos recortes en el gasto público para reducir los déficits presupuestarios han tenido ya lugar en muchos países. En España, la bancarrota en la que se encuentran muchas corporaciones locales sin lugar a dudas supondrá una disminución drástica de las subvenciones y convenios.
  • Aprovechar oportunidades. En algunas organizaciones se podrán observar movimientos menos habituales tendentes a tratar de aprovechar las nuevas oportunidades que la nueva situación ha abierto. Es un momento de cambio, de innovación, de adaptación a la nueva situación. Por ejemplo, las dificultades propiciarán que las organizaciones complementarias trabajen en consorcio. Otra oportunidad es que el desempleo masivo y las dificultades por las que atraviesan algunas organizaciones puede hacer más fácil encontrar a personal con experiencia en captación de fondos.

Lo que es seguro es que cuando otras fuentes de ingresos están bajo presión, las donaciones de individuos cobran mayor importancia, ya que constituye la fuente de ingresos más estable. La razón por la que muchas organizaciones caen o se tambalean en este momento es que dependen en gran medida de fuentes de ingresos que se han visto fuertemente afectadas por la crisis (subvenciones, ayudas de obras sociales, patrocinio y mecenazgo empresarial).

Por este motivo, la respuesta a estos desafíos no puede ser simplista. Recortar el presupuesto de captación de fondos no es la solución, como se ha demostrado en crisis pasadas. La clave es reorientarlo para tratar de diversificar las fuentes de ingresos y tratar de conseguir más dinero de las fuentes más sólidas.

Para las organizaciones que carecen de una base social de apoyo el problema es que no se puede crear de la noche a la mañana. La reconversión de la estructura de financiación es un proceso lento y costoso. Pero las que ya cuentan con cierta base, deben seguir invirtiendo recursos en ella, tanto en la captación para compensar las bajas como en la retención de los colaboradores actuales.

Es preciso comunicar a los donantes actuales la importancia que tienen sus aportaciones, máxime en el caso de las organizaciones de asistencia social que tienen ahora más trabajo que antes. Es muy necesario que tengan una conciencia clara de para qué sirve su dinero. Por eso, hay que seguir mejorando la rendición de cuentas. Pero más que ofrecerles mucha información y cifras, se trata de ofrecerles ejemplos gráficos del uso del dinero y, sobre todo, casos concretos de cómo el dinero cambia la vida de la gente o produce cualquier otro bien social.

En el caso de las empresas colaboradoras, que son en general menos leales que los individuos, también hay que reforzar su convicción de que su colaboración es indispensable. Tienen que tener la percepción de riesgo que supone la diferencia entre colaborar o dejar de hacerlo para los beneficiarios. Si su motivación no es altruista, sino interesada, hay que recordarles los beneficios que ofrece la colaboración para su negocio.

No toda la ciudadanía ni todas las instituciones han salido perjudicadas por la crisis. De manera que la investigación para realizar estrategias de incentivación a los segmentos de la base social que pueden dar más, constituyen otro ejercicio necesario para reorientar la estrategia.

En definitiva, haciendo un parangón con la teoría darwiniana de la evolución de las especies, considero que sobrevivirán a la presente crisis no necesariamente las organizaciones más fuertes, esto es, las que tenían más dinero, sino las más flexibles para adaptarse a los cambios.

Autor: Agustín Pérez
Fuente: Ágora Social

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