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SemSek, rumbo a África

Cuando el trabajo es vocacional, la frontera entre lo profesional y lo personal es una delgada línea muy difícil de delimitar. A diario cruzas esa frontera cuando te implicas de lleno en lo que haces, cuando crees en ello y cuando estás convencido de que, por mucho que se complique todo, no podrías ser feliz haciendo otra cosa.

Y pensando así, escribir un post sobre un proyecto de SemSek desde un punto de vista estrictamente profesional nos resulta casi imposible. Por eso, hemos decidido dejarnos llevar y escribir como trabajamos: con el corazón y con muchas ganas. Allá va.

El 5 de abril, Ban Ki-moon hacía este llamamiento internacional. En resumen, quedan menos de 1.000 días para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio y todavía hay mucho, muchísimo, por hacer.

Durante estos días hemos podido leer en twitter, bajo el hashtag #MDGmomentum, todos los logros conseguidos desde que en el año 2000 se realizara la Declaración del Milenio. Pero al lado de esas cifras, también están las de los millones de personas que aún hoy viven bajo el umbral de la pobreza, las de quienes no tienen acceso al agua potable o a la educación primaria, quienes mueren a causa de enfermedades como la malaria o el VIH/Sida o las personas que, simplemente por el hecho de ser mujeres, ven reducidos sus derechos y sus oportunidades para lograr una vida mejor.

Precisamente, los ODM 3 y 5 hablan del desarrollo en femenino:

Y es que no podemos olvidar que las mujeres son, junto con los niños y los ancianos, el colectivo más vulnerable cuando hablamos de pobreza, exclusión y falta de oportunidades para tener una vida digna.

Prueba de ello es que existe un baremo para medirlo, el Índice de Desigualdad de Género (IDG) que, según el PNUD, “recoge la pérdida de logros a causa de la desigualdad de género en tres dimensiones: salud reproductiva, empoderamiento y participación en el mercado laboral. Cuánto más elevado sea el valor del IDG, mayor será la discriminación”.

Y seguro que a pocos les sorprenderá si os decimos que una de las regiones del mundo donde este índice es más alto es África Subsahariana con un 0,57, frente al 0,4 que sería el promedio internacional. Así es, cifras como esa, por desgracia, no nos sorprenden y las damos por hecho.

Pero ya basta de cifras y de ecuaciones. Las personas no son números. A estas alturas, ya es hora de hablar de la pobreza y de sus causas utilizando menos las cifras y mirando más a los rostros de quienes padecen sus consecuencias.

Precisamente eso es lo que hacen entidades como la Fundación Mujeres por África, quien trabaja, mano a mano, con uno de los motores de desarrollo más potentes que tiene el continente africano, sus mujeres.

Y no lo decimos porque nos lo hayan contado. Lo decimos porque trabajamos con la fundación y porque en estos días tendremos la oportunidad de viajar a África para documentar con material gráfico y audiovisual dos de sus proyectos.

Lo dicho, un viaje “de trabajo” que sin duda cruza la barrera de lo personal. Un viaje en el que miraremos a los ojos de esas mujeres, les preguntaremos qué sienten, qué viven y qué sueñan. Un viaje que, sin haber llegado aún al destino, ya nos ha cambiado.

2 comentarios

  1. Héctor
    10 abril, 2013

    Buen viaje, estoy ansioso de ver que nos cuentas a vuestro regreso. Que sigaís con ese empeño y corazón en vuestro “trabajo”.

  2. [...] unas semanas os contábamos que nos marchábamos a África. Liberia y Sierra Leona, dos destinos que, sin duda, han cambiado nuestras vidas y nos han [...]

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